
Si mirásemos màs despreocupados la vida, alejados de vez en cuando del ritmo acelerado de los días que marcan nuestras mùltiples obligaciones y ocupaciones de pronto pudiéramos recuperar un poco de la sensibilidad que hemos perdido para disfrutar de las múltiples manifestaciones del arte que simplemente producirían en nosotros un placer que necesitamos disfrutar.
Y es que no se concibe un hombre sin sensibilidad, sin admiración por la belleza, si idilios, sin pasión, sin trascendencia, sin ansias de inmortalidad. Para ello indiscutiblemente necesitamos el arte; sólo en él el hombre puede hallar la plenitud de su ser, la esencia de su naturaleza y el sentido absoluto de la vida.
Frente a esta realidad, el hombre no debe descuidar el estímulo de su sensibilidad estética; porque a pesar de que es sensible por naturaleza, se puede limitar, en muchas ocasiones, a ser sólo un observador pasivo del mundo, del objeto estético, perdiendo la oportunidad de entrar en un diálogo con él, que le permita recordar su esencia.
En la vida cotidiana encontramos espacios que nos pueden brindar la posibilidad de disfrutar de la belleza estética a través del arte.
Las bellas artes como la música, la pintura, la escultura, el teatro, por mencionar sólo algunas, son propicias para recordarnos, con mucha frecuencia, que la belleza es algo intrínseco al hombre y que su disfrute nos sumerge en la esencia más sublime del ser humano: su sensibilidad.
Y es que no se concibe un hombre sin sensibilidad, sin admiración por la belleza, si idilios, sin pasión, sin trascendencia, sin ansias de inmortalidad. Para ello indiscutiblemente necesitamos el arte; sólo en él el hombre puede hallar la plenitud de su ser, la esencia de su naturaleza y el sentido absoluto de la vida.
Frente a esta realidad, el hombre no debe descuidar el estímulo de su sensibilidad estética; porque a pesar de que es sensible por naturaleza, se puede limitar, en muchas ocasiones, a ser sólo un observador pasivo del mundo, del objeto estético, perdiendo la oportunidad de entrar en un diálogo con él, que le permita recordar su esencia.
En la vida cotidiana encontramos espacios que nos pueden brindar la posibilidad de disfrutar de la belleza estética a través del arte.
Las bellas artes como la música, la pintura, la escultura, el teatro, por mencionar sólo algunas, son propicias para recordarnos, con mucha frecuencia, que la belleza es algo intrínseco al hombre y que su disfrute nos sumerge en la esencia más sublime del ser humano: su sensibilidad.

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